Tomás responde: É permitido no comércio vender algo mais caro do que se comprou?

Santo_OmobonoSanto Omobono, padroeiro dos comerciantes

Parece que no comércio não é permitido vender algo mais caro do que se comprou:

  1. Com efeito, Crisóstomo declara: “Todo aquele que compra uma coisa, para revendê-la inteira e tal e qual a adquiriu, com o fito de obter lucro, é um daqueles vendilhões, expulsos do templo”. E comentando as palavras da Escritura: “Porque não sei escrever”, ou, segundo outra versão: “porque ignoro o comércio”. Cassiodoro diz o mesmo: “Que é o comércio, senão comprar mais barato e vender mais caro?”. E acrescenta: “Tais comerciantes, o Senhor os expulsou do templo”. Ora, ninguém é expulso do templo a não ser por algum pecado. Logo, tal comércio é pecado.
  2. Além disso, é contra a justiça vender algo mais caro ou comprá-lo mais barato do que vale, como já ficou elucidado. Ora, o comerciante que vende um objeto mais caro do que comprou, necessariamente ou o comprou mais barato ou o vende mais caro do que vale. Logo, não há como evitar o pecado.
  3. Ademais, Jerônimo escreve: “Do clérigo comerciante, que de pobre virou rico, de plebeu se fez nobre, foge como de uma peste”. Ora, a prática do comércio não teria sido proibida aos clérigos se não fosse pecado. Logo, no comércio, comprar mais barato e vender mais caro é pecado.

EM SENTIDO CONTRÁRIO, comentando o texto do Salmo: “porque não sei escrever…” (70,15) Agostinho declara: “O negociante, na sua avidez de ganhar, blasfema quando perde, mente nos preços e perjura. Mas esses são vícios do homem, não da profissão, que se pode exercer sem eles”. Logo, negociar não é em si mesmo ilícito.

[Nota: A resposta começa lembrando a posição aristotélica: concebido em si mesmo, o negócio possui alguma coisa de “malsão” (quandam turpitudinem habet, que nosso texto traduz com mais elegância: “possui algo de vergonhoso”), pois não se relaciona a um fim honesto e necessário (= produção, transformação ou melhoria dos bens). Mas, em seguida, essa doutrina aristotélica é ultrapassada pela consideração do lucro como um objetivo, indiferente em si, mas capaz de subordinar-se às finalidades mais necessárias: ao bem da família, à utilidade social ou como uma recompensa do trabalho despendido. Uma tal justificação do comércio lucrativo vai no sentido dos títulos de legitimação da propriedade propostos em II-II, q.66, a.2. O interesse particular, a busca do lucro são aceitos, reconhecidos até como indispensáveis à produção dos bens necessários; mas, ao mesmo tempo, exige-se que não sejam “fins últimos”, que subordinem-se aos objetivos da justiça e da solidariedade, para não incorrer nos vícios da acumulação de riquezas e da avareza. As posições aqui ilustradas parecem resultar de uma atenção do teólogo ao desenvolvimento comercial de seu tempo, e à prática das pessoas honestas que se dedicam cada vez mais, em boa consciência, aos ofícios lucrativos.]

tomas_respondoÉ próprio dos negociantes praticar a comutação dos bens. Ora, como explica o Filósofo, há duas sortes de comutações. Uma, como que natural e necessária, em que se troca uma coisa por outra, ou uma coisa por dinheiro, para satisfazer às necessidades da vida. Esse tipo de comutações não é próprio dos negociantes, mas dos chefes da casa ou da cidade, os quais devem prover a família ou a população, das coisas necessárias à vida. Outra espécie de comutação é a de dinheiro, ou de quaisquer objetos por dinheiro, não pelas necessidades da vida, mas em vista do lucro E tal é o negócio que pertence propriamente aos negociantes. Segundo o Filósofo, a primeira espécie de troca é louvável, pois está a serviço de uma necessidade natural. A segunda, porém, é reprovada com justiça, porque, de si mesma, fomenta a cobiça do lucro, que não conhece limite, mas tende ao infinito. Por isso, o comércio encarado em si mesmo, possui algo vergonhoso, pois, por sua natureza, não visa nenhum fim honesto ou necessário. Saiba mais

La Belleza de la Física

Equacao1-Modelo_padrao

Equação do Modelo Padrão

Collins bebió su último sorbo de té más o menos para el tiempo en el que yo terminé mi vaso con agua.

– Vamos a reabastecernos – dijo, indicándome que le siguiera por el pasillo.

Sin estudiantes o catedráticos, el edificio estaba siniestramente callado, nuestras voces hacían un leve eco mientras caminábamos por el corredor vacío.

– El día está demasiado bello como para pasar mucho tiempo dentro del edificio – comenté mientras llegábamos al área de la cocina.

– Sí, está perfecto para correr – dijo Collins.

Llené mi vaso con agua mientras él mezclaba su té. El silencio prevaleció por unos cuantos momentos, y luego Collins señaló:

– El hablar sobre la belleza me recordó otra línea de razonamiento que apunta hacia un diseñador – dijo.

– ¿De verdad? – pregunté -. Cuéntame.

Piensa en la extraordinaria belleza, elegancia, armonía e ingenio que encontramos en las leyes de la naturaleza – contestó mientras nos dirigíamos de vuelta as salón de conferencias -. Se han escrito libros enteros al respeto. Weinberg se pasó un capítulo entero explicando cómo se han utilizado los criterios de belleza y elegancia para guiar a los físicos al formular las leyes correctas. El físico teórico Alan Guth dijo que la construcción original de las teorías indicadoras de la física de partículas fundamentales “fue motivada principalmente por su elegancia matemática”. Uno de los científicos más influyentes del siglo veinte, Paul Dirac, ganador del premio Nobel y académico en Cambridge, hasta afirmó que “es más importante tener belleza en nuestras ecuaciones que hacer que estas se ajusten al experimento”. Un historiador dijo que la belleza matemática fue una “parte integral” de la estrategia de Dirac. Dijo que Dirac creía que los físicos “tenían que seleccionar primero las matemáticas más bellas, no necesariamente conectadas a los fundamentos existentes de la física teórica, y luego interpretarlas en términos físicos”.

– ¿Y puedes ver belleza en las leyes y principios de la naturaleza? – pregunté.

– Oh, absolutamente – declaró -. Son bellas, y también son elegantes en su simplicidad. De forma muy sorprendente. Cuando los científicos tratan de construir una nueva ley de la naturaleza, de manera rutinaria buscan la ley más simple que explique adecuadamente los datos.

Interrumpí con una objeción.

– ¿No está la belleza en el observador? – pregunté -. Qué es y qué no es bello parece algo muy subjetivo.

– La subjetividad no puede explicar el éxito del criterio de la belleza en la ciencia – respondió -. No esperaríamos que patrones puramente subjetivos sirvieran como base de las teorías que hacen predicciones precisas, tales como el éxito de la electrodinámica cuántica para predecir la corrección cuántica para factor g del electrón. Además, no toda belleza es subjetiva; también existen aspectos objetivos, el menos en el sentido clásico. En su libro The Analysis of Beauty [El análisis d la belleza], escrito a mediados del siglo dieciocho, William Hogarth dijo que la característica que define la belleza o a elegancia es la “simplicidad con variedad”. Y eso es lo que los científicos han hallado, un mundo en donde la simplicidad fundamental le abre paso a la enorme complejidad que es necesaria para la vida.

Equacao2-Superficie_minima

Equação da superfície mínima

Me aventuré con otra alternativa.

– Tal vez el concepto de belleza es meramente el producto de la evolución – dije -. Quizá tiene un valor de supervivencia, y por eso nuestro sentido de lo que es bello ha sido formado por selección natural.

– Eso solo aplicaría a cosas que podemos ver, tocar o escuchar; las cosas que en nuestro mundo cotidiano son necesarias para la supervivencia. Sin embargo, la evolución no puede explicar la belleza que existe en el mundo subyacente de las leyes físicas y las matemáticas – dijo -. En la física observamos un misterioso grado de armonía, simetría y proporcionalidad. Y observamos algo a lo que llamo “descubribilidad”. Lo que quiero decir con eso es que las leyes de la naturaleza parecen haber sido cuidadosamente arregladas para que pudieran ser descubiertas por seres con nuestro nivel de inteligencia. Eso no solo encaja en la idea de diseño, sino que también sugiere un propósito providencial par la humanidad: aprender acerca de nuestro hábitat y desarrollar la ciencia y la tecnología. – Collins mencionó que Davies también comentó acerca de la belleza de la naturaleza en su libro Superforce [Superfuerza]. Posteriormente encontré el pasaje:

Una reacción común entre los físicos a los increíbles descubrimientos … es una mezcla de deleite ante la sutileza y elegancia de la naturaleza, y de estupefacción: “Jamás hubiera pensado en hacerlo de esa forma”. Si la naturaleza es tan “inteligente” que puede aprovechar mecanismos que nos asombran con su ingenio, ¿no es acaso una evidencia persuasiva de la existencia de diseño inteligente detrás del universo físico? Si las mejores mentes del mundo pueden desenmarañar solo con dificultad las obras más profundas de la naturaleza, ¿cómo podrá suponerse que esas obras son solamente un accidente mecánico, un producto del azar ciego? … Descubrir las leyes de la física se parece en varias maneras a completar un crucigrama. … En el caso del crucigrama, jamás se nos ocurrirá suponer que las palabras simplemente cayeron en un patrón interrelacionado y consistente por mero accidente.

– Desde un punto de vista ateísta – continuó Collins – no hay razón para esperar que las leyes fundamentales fuesen bellas o elegantes, porque fácilmente pudieron no haberlo sido. Hasta el mismo Weinberg, quien es ateísta, concede que “en ocasiones la naturaleza parece más bella de lo estrictamente necesario”. Sin embargo, el ajuste fino para la simplicidad, belleza y elegancia sí tiene sentido en la hipótesis de Dios. Considera la concepción clásica de Dios: él es el ser más grande posible, y por lo tanto, un ser con sensibilidad estética perfecta. No sería sorprendente en absoluto que Dios quisiera crear un mundo de gran sutileza y belleza en su nivel más fundamental.

Lee Strobel, El caso del Creador

Tomás responde: Devem-se suportar os insultos proferidos contra si?

RP-P-1896-A-19368-2221James, bispo de Nische, hostilizado por três meninas, Caspar Luyken, Christoph Weigel, 1704

 Parece que não se devem suportar os insultos proferidos contra si:

  1. Com efeito, quem suporta os insultos encoraja a audácia do injuriante. Ora, isso não deve ser feito. Logo, em vez de suportar, é melhor revidar os insultos.
  2. Além disso, deve-se amar a si mesmo mais que a outrem. Ora, não se deve deixar insultar a outrem; como se diz no livro dos Provérbios: “Quem impõe silêncio ao insensato aplaca as cóleras” (26, 10). Logo, não se devem suportar os insultos feitos a si mesmo.
  3. Ademais, ninguém tem o direito de se vingar a si mesmo, conforme está dito na Carta aos Hebreus: “A mim a vingança! Sou eu que retribuirei”. Ora, é uma vingança não resistir aos insultos, pois Crisóstomo declara: “Se queres vingar-te, guarda o silêncio, e lhe darás assim um golpe fatal”. Logo, não se deve guardar silêncio e aguentar os dizeres insultuosos, mas, antes, dar-lhes réplica.

EM SENTIDO CONTRÁRIO, está escrito no Salmo: “Os que buscam minha desgraça, espalham mentiras;” E a seguir: “Sou como um mudo que não abre a boca” (37, 13-14).

tomas_respondoA paciência é necessária para suportar tanto as ações quanto as palavras que nos ofendem. Mas, os preceitos que recomendam a paciência contra as ofensas visam estabelecer uma disposição habitual da alma. O mandamento do Sermão sobre a Montanha: “Se alguém te esbofetear na face direita oferece-lhe também a outra”, é assim comentado por Agostinho: “Deve-se estar preparado para praticá-lo, se necessário. Mas não se está obrigado a agir assim efetivamente, pois o próprio Senhor não o fez. Quando recebeu uma bofetada, perguntou: Por que me feres?” É o que se lê no Evangelho de João. De igual maneira, no que toca às palavras injuriosas proferidas contra nós, devemos ter o ânimo preparado para suportar as ofensas, se for conveniente. Mas em certos casos devemos repelir os insultos, sobretudo por duas razões. Saiba mais

A morte de São José

São José em agonia, igreja de São José, Rio de Janeiro, detalhe

São José em Agonia, Igreja de São José, Rio de Janeiro

No dia 19 de março comemora-se a festa de São José. A propósito, é oportuno reproduzir o Conto inspirado no conjunto escultural representando São José em agonia (foto), que se venera na igreja de São José, no centro do Rio de Janeiro, ao lado da Assembleia Legislativa.

São José chegara ao fim de seus dias. Ninguém como ele, entre tantos varões veneráveis que o precederam na santidade, fora incumbido de missão tão alta. Ele era o guarda e protetor do Filho de Deus feito homem e de sua Mãe santíssima.

Deus Pai o escolhera pessoalmente para esse mister elevado entre todos. E São José cumprira sua missão com tanta perfeição, tanta dignidade, tanta humildade junto a seus inefáveis protegidos, tanta força e astúcia contra os inimigos de Jesus, insuflados por toda parte pelo demônio, que esteve inteiramente à altura dos desígnios divinos.

Tanto quanto é possível a uma simples criatura, ele teve proporção com o sublime encargo de ser esposo da Santíssima Virgem e pai adotivo do Verbo de Deus encarnado.

Quanto isto significa!

Aproximava-se, porém, o tempo em que Jesus iria iniciar sua missão pública; a Virgem Maria não mais se encontrava na situação de uma jovem mãe que precisa de proteção diante de um mundo hostil e de línguas aleivosas.

A missão de São José chegara magnificamente a seu termo, e ele agonizava placidamente.

De um lado e de outro da cama, Nosso Senhor e Nossa Senhora, emocionados, o contemplavam com amor e gratidão, tristes porque ele partia, mas supremamente consolados por saber que o aguardava a melhor das recompensas celestes.

Do lado de fora, como quer uma antiga tradição, a morte impaciente mas temerosa não ousava entrar para recolher sua presa, pois esperava um sinal do Altíssimo, postado ao lado do moribundo.

São José tivera sempre tal veneração pela Virgem Santíssima, uma ideia tão elevada de seus méritos e virtudes, tal respeito por sua virgindade imaculada, que jamais ousara tocar sequer um fio de seu cabelo.

Agora, posto ele em seu leito de morte, a Santíssima Virgem, como recompensa por tanta dedicação lhe segura a mão, num supremo ato de reconhecimento e amizade.

Aquele toque quase divino comunicou a São José, ainda lúcido, tal alegria sobrenatural, que ele, varão castíssimo, sentiu sua alma invadida por uma graça de superior virginalidade, como se a inundasse um rio de águas puríssimas, cristalinas e benfazejas.

Essa sensação inefável –– até então para ele desconhecida, porque acima do que a natureza humana pode alcançar –– o elevou a um patamar de indizível união com Deus, inacessível à nossa compreensão atual, mas que um dia no Céu ele poderá nos contar.

Estava São José nesse verdadeiro êxtase, quando sentiu pousar sobre seu ombro direito a mão amiga do Filho de Deus. Incontinenti, viu-se submerso em Deus, e Deus nele.

Era a visão beatífica, não concedida até então a nenhum mortal, pois o acesso ao Céu fora fechado pelo pecado de Adão, e lhe era comunicada por antecipação, ainda que fugazmente.

São José notou em seguida que uma coorte de pessoas se aproximava dele. Reconheceu na primeira fila o patriarca Abraão e o profeta Moisés, seguidos de todos os justos que o haviam precedido com o sinal da fé.

Só então ele se deu conta de que não estava mais nesta Terra, e que adentrara os umbrais do Limbo.

Todos os habitantes daquele lugar o interrogavam atropeladamente: Quando se consumará a Redenção?

Quando nos será aberto o Paraíso celeste que tanto esperamos, alguns há milhares de anos?

Como é o Filho de Deus? E sua Mãe Santíssima, como é a sua presença?

São José a todos respondia com atenção e bondade, mas já começando a sentir uma saudade imensa daqueles dois seres perfeitíssimos, com quem conviveu tão proximamente nesta Terra de exílio.

Por Gregório Vivanco Lopes

Fonte: Contos e Lendas da Era Medieval

«Se alguém quer vir após Mim, […] tome a sua cruz, dia após dia, e siga-Me.»

cruz

A muitos parece dura esta palavra : «Renega-te a ti próprio, toma a tua cruz e segue Jesus.» […] Porque temes levar a cruz, pela qual se vai ao Reino? Na cruz está a salvação; na cruz, a vida; na cruz, a protecção dos inimigos; na cruz se derrama toda a suavidade do alto; na cruz, a força do espírito; na cruz, a alegria da alma; na cruz, a suprema virtude; na cruz, a perfeição da santidade. Não há salvação da alma nem esperança da vida eterna senão na cruz. Pega, pois, na tua cruz e segue-O: caminharás para a vida eterna. […] Se morreres com Ele, também com Ele viverás (cf Rom 6,8). E, se fores seu companheiro no sofrimento, também o serás na glória.

Eis que tudo consiste na cruz […]; não há outro caminho para a vida e para a verdadeira paz interior. […] Anda por onde quiseres, procura o que desejares, não encontrarás mais elevado caminho no alto, nem mais seguro cá em baixo, do que o caminho da santa cruz.

Dispõe e ordena tudo segundo o que queres e vês; não encontrarás nada onde não haja que sofrer, voluntária ou necessariamente, e assim sempre encontrarás a cruz. Ou sofrerás dores no corpo, ou encontrarás tribulações na alma. Umas vezes serás abandonado por Deus, outras serás afligido pelo próximo e, pior ainda, muitas vezes pesar-te-ás a ti mesmo; e não poderás ser libertado ou aliviado com qualquer remédio ou consolação. […] Deus quer que aprendas a suportar o sofrimento sem consolações, que te submetas a Ele totalmente e te tornes mais humilde pela tribulação. […] E é necessário que tenhas paciência, se queres possuir a paz interior e merecer a coroa imortal.

Imitação de Cristo, tratado espiritual do século XV,
Livro II, capítulo 12

Para entender os homossexuais

Muito esclarecedor, e com muitos testemunhos. 

 

 

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Deus existe?

É um documentário muito interessante, chamado “The Case for a Creator”, baseado no livro de mesmo nome do jornalista Lee Strobel. Apesar do título, trata fundamentalmente de ciência, e não de religião. Está dividido em sete partes, com aproximadamente 10 minutos cada. Nelas são abordados assuntos como Cosmologia, Física, Evolução, etc. Legendado em português. Check it out!

Obs: para ver a relação completa dos vídeos, clique em You Tube (Watch on Youtube.com) no vídeo acima.

Obs2: o “motor” biológico mostrado na parte 5 é simplesmente INCRÍVEL! Se eu fosse ateu, me convertia depois de ver isso.

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Vamos falar sobre aborto?

Publicado originalmente em Felipe Melo:

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– Você viu aquela campanha da Revista TPM?
– Qual?
– Aquela sobre o aborto.
– Vi, sim.
– O que você achou?
– Não gostei.
– Por quê?
– Porque aborto é assassinato, oras.
– Claro que não!

Ver original 363 mais palavras

Tomás responde: Deve-se usar canto no louvor a Deus?

Jan_van_Eyck_-_The_Ghent_Altarpiece_-_Singing_Angels_(detail)Jan van Eyck (1390-1441), O Retábulo de Ghent, Anjos Cantores (detalhe).

Parece que não se deve usar cantos no louvor a Deus:

  1. Com efeito, diz o Apóstolo: “Ensinando e exortando uns aos outros, em salmos, hinos e cânticos espirituais” (Cl 3, 16). Ora, nada devemos assumir no culto divino a não ser o que está transmitido pela autoridade da Escritura. Logo, nos louvores divinos não devemos usar cânticos vocais, mas somente cânticos espirituais.
  2. Além disso, comentando Jerônimo este texto paulino: “Cantando e louvando o Senhor em vossos corações”; escreve: “Ouçam os jovens que têm o ofício de cantar salmos na Igreja: não devem cantar para Deus só com palavras, mas com o coração; não imitando aqueles artistas que, para preparar as gargantas e suavizar as vozes, enchem-se de medicamentos especiais; para trazer para a Igreja melodia e cantos teatrais”. Logo, no louvor divino não se deve cantar.
  3. Ademais, louvar a Deus compete aos grandes e aos pequenos, como se lê no livro do Apocalipse: “Louvai a Deus, todos os seus servos e os que o temem, pequenos e grandes” (19, 5). Ora, os de maior dignidade da Igreja não devem cantar, segundo determinam Gregório e as Decretais: “Pelo presente decreto, ordeno que nesta sede os ministros do altar não devem cantar”. Logo, não é conveniente cantar no louvor divino.
  4. Ademais, na Antiga Lei louvava-se a Deus com instrumentos musicais e vozes humanas segundo o Salmista: “Cantai ao Senhor com a cítara; cantai-lhe salmos com a harpa de dez cordas; cantai ao Senhor um cântico novo”(32, 2-3). Ora, instrumentos musicais, como a cítara e a harpa, não são usados na Igreja para o louvor divino, para que não se pense que ela retorna ao judaísmo. Logo, por razão semelhante, nem o canto deve ser usado nos louvores divinos.
  5. Ademais, o louvor da alma é superior ao louvor dos lábios. Ora, o louvor da alma é impedido pelo canto, já porque cantando a atenção é desviada do sentido das palavras ao se prestar atenção na melodia; já porque essas palavras são menos entendidas do que se fossem proferidas sem canto. Logo, não se deve cantar nos louvores divinos.

EM SENTIDO CONTRÁRIO, há o exemplo de Ambrósio, que introduziu o canto na igreja de Milão, segundo relata Agostinho nas Confissões.

tomas_respondoComo anteriormente foi dito, o louvor pela voz é necessário para estimular a afeição humana para Deus. Por isso, qualquer coisa que seja útil para isso, é assumida convenientemente no louvor divino. Também é verdade que, segundo as diferenças das melodias, as pessoas são levadas a sentimentos diferentes. A essa conclusão chegaram Aristóteles e Boécio. Por isso, foi salutar a introdução do canto nos louvores divinos para que os espíritos mais fracos fossem mais incentivados à devoção. A respeito, escreve Agostinho: “Inclino-me a aprovar a prática do canto na Igreja para que, pelo deleite auditivo, as almas fracas se elevem em piedoso afeto”. E diz de si mesmo: “Chorei ouvindo os teus hinos e cânticos, profundamente emocionado pelas vozes de tua Igreja, que suavemente canta!”.

Quanto às objeções iniciais, portanto, deve-se dizer que: Saiba mais

Tomás responde: O vendedor está obrigado a revelar os defeitos da sua mercadoria?

Pietro_Longhi_O_CharlataoPietro Longhi (1702-1785), O Charlatão (1757)

Parece que o vendedor não está obrigado a revelar os defeitos da sua mercadoria:

  1. Com efeito, o vendedor não obriga o comprador a fazer uma aquisição, mas se limita apenas a submeter a mercadoria à sua apreciação. Ora, cabe à mesma pessoa apreciar e conhecer. Logo, não se deve culpar o vendedor, se o comprador se engana em seu juízo, faz uma compra precipitada, sem fazer uma cuidadosa inspeção do estado da mercadoria.
  2. Além disso, parece insensato que alguém faça algo que venha impedir sua própria atividade. Ora, revelar os defeitos da mercadoria é impedir a realização da venda. Assim Túlio põe na boca de uma personagem: “Haverá algo de mais absurdo do que o proprietário lançar o pregão: Estou vendendo uma casa empestada?” Logo, o vendedor não está obrigado a revelar os defeitos de sua mercadoria.
  3. Ademais, é mais necessário conhecer o caminho da virtude do que os defeitos das mercadorias à venda. Ora, ninguém está obrigado a dar conselho a quem encontra e dizer-lhe a verdade no que toca à virtude, embora não deva dizer falsidade a ninguém. Logo, muito menos está o vendedor na obrigação de manifestar os defeitos de sua mercadoria, como quem quer dar conselho ao comprador.
  4. Ademais, se alguém devesse revelar os defeitos do que vende só poderia ser para diminuir-lhe o preço. Ora, às vezes, esse preço baixaria, por outro motivo, sem nenhum defeito da mercadoria. Por exemplo, se o vendedor, ao levar seu trigo aonde há carestia dele, percebe que muitos outros vendedores poderão vir a fazer o mesmo. Estando a par disso, os compradores pagariam preço menor. Ora, ao que parece, o vendedor não está no dever de adverti-los. Logo, pela mesma razão, não está obrigado a esclarecê-los sobre os defeitos de sua mercadoria.

EM SENTIDO CONTRÁRIO, Ambrósio ensina: “Nos contratos, manda-se que se declarem os defeitos das mercadorias que se vendem; e se o vendedor não o faz, ainda que tenham passado ao domínio do comprador, pode haver anulação por uma ação de dolo”.

tomas_respondoÉ sempre ilícito expor alguém à ocasião de perigo ou de dano, embora não seja necessário que se dê auxílio ou conselho capazes de assegurar a outrem uma vantagem qualquer. Isso só é necessário em casos determinados, por exemplo, quando se tem o encargo de alguém ou não se pode socorrê-lo de outro modo. Ora, o vendedor que propõe sua mercadoria ao comprador, lhe oferece, pelo fato mesmo, uma ocasião de dano ou perigo, se essa mercadoria tem defeitos, donde podem ocorrer esse dano ou perigo. Dano, se por seu defeito, a mercadoria tem menor valor, sem que o vendedor lhe tenha baixado o preço. Perigo, se o defeito venha a impedir o uso do objeto ou o torna difícil ou nocivo; quando se vende, por exemplo, um cavalo manco como um animal veloz, ou uma casa em ruínas como sólida, ou se propõem como sadios, alimentos avariados e contaminados. Se esses vícios são ocultos e o vendedor não os manifesta, a venda será ilícita e dolosa, e ele terá a obrigação de reparar o dano. Saiba mais

O Conservadorismo e o espírito criativo

Publicado originalmente em Felipe Melo:

Norman Rockwell - And Daniel Boone Comes to Life on the Underwood Portable (1923)Norman Rockwell – And Daniel Boone Comes to Life on the Underwood Portable (1923)

O radical destrói o que é mal e o conservador preserva o que é bom: essa afirmação sobre a questão, ainda que útil, é uma simplificação extrema. Pois o radical destrói muito daquilo que é bom quando arranca o mal pela raiz, e o conservador freqüentemente mantém vivas coisas que não merecem imortalidade. Assim, tanto o radical quanto o conservador necessitam de criticismo corrosivo, tanto quanto apreciação. Esta distinção, entretanto, deve ser feita: o radical normalmente desenvolve uma paixão pela destruição indiscriminada; por trás do instinto conservador há a noção de valores perenes que não devem ser aniquilados. Assim sendo, é mais provável que o espírito criativo seja mantido vivo por um conservador ao invés de um radical.

Ver original 1.937 mais palavras

Tomás responde: Há obrigação de testemunhar?

Lourenço perante a corte do imperador ValerianoFra Angelico, Lourenço perante a corte do imperador Valeriano (1447-1450)

Parece que não há obrigação de testemunhar:

  1. Com efeito, Agostinho declara: Abraão afirmando de sua mulher: “é minha irmã”, quis ocultar a verdade e não proferir uma mentira. Ora, quem oculta a verdade abstém-se de testemunhar. Logo, não há obrigação de testemunhar.
  2. Além disso, ninguém está obrigado a agir de maneira fraudulenta. Ora, lê-se no livro dos Provérbios: “O fraudulento revela os segredos; mas o homem fiel guarda o que o amigo lhe confiou” (11, 13). Logo, não se está obrigado a testemunhar, sobretudo quando se trata de segredo confiado pelo amigo.
  3. Ademais, os clérigos e sacerdotes são mais que todos obrigados a observar o que é necessário à salvação. Ora, aos clérigos e sacerdotes é proibido testemunhar em causa capital. Logo, testemunhar não é de necessidade para a salvação.

EM SENTIDO CONTRÁRIO, Agostinho escreve: “Quem oculta a verdade e quem profere mentira, são ambos culpados; o primeiro, porque não quer ser útil; o segundo, porque busca prejudicar”

tomas_respondoNo ato de testemunhar, é mister distinguir: às vezes, o testemunho é exigido, outras vezes, não. Quando o depoimento de um súdito é requerido pela autoridade de um superior, a quem deve obediência em matéria de justiça, não há dúvida que está obrigado a testemunhar dentro da ordem do direito. Por exemplo, sobre crimes manifestos ou já denunciados pela opinião pública. Se, porém, se requer o testemunho sobre outros fatos, por exemplo, sobre casos ocultos ou não divulgados pela opinião pública, não há obrigação de testemunhar.

Mas, quando o depoimento não é requerido pela autoridade à qual se deve obediência, cumpre ainda distinguir. Se o testemunho é pedido a fim de livrar alguém ameaçado injustamente de morte ou de qualquer castigo, de desonra imerecida ou de algum dano, então há obrigação de testemunhar. E mesmo que o depoimento não seja requerido, deve-se fazer o possível para manifestar a verdade a quem possa ser útil. Pois, lê-se no Salmo: “Salvai o pobre e libertai o desvalido da mão do pecador” (81, 4); e nos Provérbios: “Libertai aqueles que são levados à morte” (24, 11); e na Carta aos Romanos: “São dignos de morte não só os que agem assim, mas também quem os aprova” (1, 32). A Glosa ajunta esta precisão: “Aprovar é calar, quando se pode refutar o erro”. Saiba mais

O Santo Concílio Vaticano II

Vaticano II

Ao canonizar João XXIII e João Paulo II, e ao beatificar Paulo VI, Francisco homologou o concílio

Por Edson Sampel

SãO PAULO, 10 de Novembro de 2014 (Zenit.org) – Quem, por infelicidade, não aceita o Concílio Vaticano II geralmente não leu direito os documentos emanados da referida assembleia e se ateve a um vago “espírito do concílio”. Os tradicionalistas permanecem ancorados no passado e não conseguem dar um passo à frente.  De outra banda, encontram-se os progressistas, os quais  também não leram profundamente os textos conciliares e, igualmente embasados nesse fluido “espírito do concílio”, forjaram teologias da libertação de viés marxista. Asseveram que o Concílio Vaticano II propiciou o surgimento de uma “nova Igreja”. Em suma, os tradicionalistas e os progressistas de variegados matizes creem numa “ruptura” eclesial. Os primeiros advogam que a ruptura ou cisão constituiu algo catastrófico; os segundos postulam que com a ruptura se deu uma coisa ótima, um “novo pentecostes”.

O vigário de Cristo acaba de homologar o Concílio Vaticano II! Com efeito, sua santidade canonizou o papa que deflagrou o concílio, são João XXIII e o papa que executou o concílio, são João Paulo II. Só faltava mesmo o papa que coordenou os trabalhos do Concílio Vaticano II, declarado beato em outubro, Paulo VI (Reflexões de um Católico, Edson Luiz Sampel).

Na esteira do ensinamento de Bento XVI, corroborado por Francisco, a hermenêutica ou a interpretação do concílio deve ser na linha da reforma ou da continuidade, ou seja, temos de levar em conta os textos do Concílio Vaticano II e não qualquer espírito ideológico. Quem lê, com olhos de ver, as constituições, os decretos e as declarações conciliares logo verifica que o Concílio Vaticano II não causou nenhuma ruptura, muito pelo contrário, ele está em plena sintonia com os outros 20 concílios ecumênicos.  Além disso, percebe-se que o Concílio Vaticano II deve ser interpretado em estreito liame com o Concílio Vaticano I, do qual é continuidade e com o Concílio de Trento, donde hauriu toda substância teológica.

Tomás responde: O sacramento da penitência é a “segunda tábua depois do naufrágio”?

Tintoret_-_Saint_Marc_sauvant_un_SarrasinJacopo Tintoretto (1518-1594), São Marcos salva um sarraceno durante um naufrágio (entre 1562-1566)

Parece que a penitência não é a “segunda tábua depois do naufrágio”:

1. Com efeito, a respeito do texto: “Proclamam o seu pecado como Sodoma” (Is 3, 9) comenta a Glosa: “Esconder os pecados é a segunda tábua depois do naufrágio”. Ora, a penitência não esconde os pecados, mas antes os revela. Logo, a penitência não é a segunda tábua.

2. Além disso, o fundamento num edifício ocupa o primeiro lugar e não o segundo. Ora, a penitência no edifício espiritual é o fundamento, conforme a Carta aos Hebreus: “Sem lançar de novo o fundamento da penitência dos atos mortos” (6, 1). Por isso, ela deve preceder ao próprio batismo, conforme o que se lê: “Fazei penitência e receba cada um de vós o batismo” (At 2, 38). Logo a penitência não deve ser considerada a segunda tábua.

3. Ademais, todos os sacramentos são, sob certo aspecto, tábuas, isto é, remédio contra o pecado. Ora, a penitência não ocupa o segundo lugar entre os sacramentos, antes o quarto, como aparece do que foi dito acima (q. 65, a. 2). Logo, a penitência não deve ser chamada segunda tábua depois do naufrágio.

EM SENTIDO CONTRÁRIO, Jerônimo ensina: “a penitência é a segunda tábua depois do naufrágio”.

Tomas_RespondoAquilo que é essencial precede, por natureza, ao que é acidental, assim como a substância precede ao acidente. Com efeito, certos sacramentos são destinados, por sua natureza, à salvação do ser humano; assim o batismo, que é a geração espiritual, a confirmação que é o crescimento espiritual e a Eucaristia que é o alimento espiritual. A penitência, porém, é ordenada à salvação como que de maneira acidental e condicional, a saber na hipótese do pecado. S o homem não cometesse algum pecado mortal atual, não necessitaria da penitência, mas sim do batismo, da confirmação e da Eucaristia. De modo semelhante à vida corporal, onde o ser humano não necessitaria de remédio a não ser em caso de enfermidade, mas teria necessidade essencial para a vida da geração, do crescimento e do alimento. Por isso, a penitência ocupa o segundo lugar em relação ao estado de integridade, que é concedido e conservado pelos sacramentos indicados. Desta sorte, ela é chamada, de maneira metafórica, “segunda tábua depois do naufrágio”. Pois, o primeiro remédio para os que atravessam o mar é conservar-se salvo no navio; o segundo remédio, porém, é, tendo este quebrado, agarrar-se a uma tábua. Assim, pois, o primeiro remédio dessa vida é que o homem conserve a integridade da graça; o segundo remédio, porém, é que, se a perdeu pelo pecado, volte a ela pela penitência.

Quanto às objeções iniciais, portanto, deve-se dizer que:

1. Podem-se esconder os pecados de duas maneiras. Em primeiro lugar, ao cometê-los. É pior pecar publicamente do que em particular, tanto porque o pecador público parece manifestar maior desprezo da lei, como também porque peca com escândalo dos outros. Por isso, já há certo remédio nos pecados cometidos em particular. É a respeito disso que a Glosa diz que “esconder os pecado é a segunda tábua depois do naufrágio”, não no sentido de que os pecados são por isto removidos, como no caso da penitência, mas porque por isto eles são menos graves. Saiba mais

Tomás responde: Cristo deveria nascer em Belém?

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Parece que Cristo não deveria nascer em Belém:

1. Com efeito, Isaías diz: “A lei virá de Sião e a palavra de Deus de Jerusalém” (2, 3). Ora, Cristo é a verdadeira Palavra de Deus. Logo, tinha de vir ao mundo em Jerusalém.

2. Além disso, está escrito a respeito de Cristo, diz o Evangelho de Mateus, que “será chamado nazareno” (2, 23). Isso está tomado da profecia de Isaías: “uma flor nascerá de sua raiz” (11, 1). Ora, ‘Nazaré’ quer dizer flor. Mas alguém é denominado sobretudo do lugar em que nasceu. Logo, parece que deveria ter nascido em Nazaré, onde também foi concebido e criado.

3. Ademais, o Senhor veio ao mundo para anunciar a fé na verdade, como diz o Evangelho de João: “Eu nasci e vim ao mundo para dar testemunho da verdade” (18, 37). Ora, tal missão teria resultado mais fácil se tivesse nascido na cidade de Roma que então dominava o mundo. Por isso Paulo, na Carta aos Romanos, diz: “No mundo inteiro se proclama a vossa fé” (1, 8). Logo, parece que não devia nascer em Belém.

EM SENTIDO CONTRÁRIO, está escrito em Miquéias: “E tu, Bet-Lehem Efrata (…) de ti sairá para mim aquele que há de governar Israel” (5, 2).

Tomas_RespondoCristo quis nascer em Belém por dois motivos. Primeiro, porque “é da descendência de David segundo a carne”, como se diz na Carta aos Romanos (1, 3). É a David que foi feita uma promessa especial a respeito de Cristo, segundo o livro dos Reis: “Oráculo do homem posto no alto, do Messias do Deus de Jacó” (2Re 23, 1). Por isso quis nascer em Belém, onde nascera também David, para que, pelo lugar mesmo do nascimento, aparecesse a realização da promessa que lhe tinha sido feita. É o que mostra o evangelista ao dizer: “Porque era da casa e da família de David” (Lc 2, 4).

E em segundo lugar, porque, como diz Gregório: “Belém quer dizer ‘casa do pão’. E o próprio Cristo afirma: “Eu sou o pão vivo, que desceu do céu”.

Quanto às objeções iniciais, portanto, deve-se dizer que

1. David nasceu em Belém, mas escolheu Jerusalém para estabelecer nela a sede de seu reino e ali edificar o templo de Deus. Assim, Jerusalém viria a ser ao mesmo tempo a cidade real e sacerdotal. Mas o sacerdócio de Cristo, e o seu reino, se realizaram principalmente em sua paixão. Por isso era conveniente que, para nascer, escolhesse Belém e para a paixão Jerusalém. Saiba mais

Tomás responde: A avareza é sempre pecado mortal?

Rembrandt_-_Parabola_rico_insensatoRembrandt, Parábola do Rico Insensato (1627)

Parece que a avareza é sempre pecado mortal:

1. Com efeito, ninguém é digno de morte, a não ser por pecado mortal. Ora, Paulo, depois de ter falado daqueles que estão “cheios de iniquidade, de malícia, de fornicação e de avareza…” (Rm 1, 29), acrescenta: “os que agem desta forma são dignos de morte”. Logo, a avareza é um pecado mortal.

2. Além disso, o mínimo na avareza consiste em guardar de modo desordenado seus próprios bens. Mas isto parece ser pecado mortal, segundo Basílio: “O pão que guardas é o pão do faminto, a túnica que conservas é a de quem está nu, o dinheiro que possuis é do indigente. E assim, tudo o que poderias ostentar são outras tantas injúrias feitas a outros”. Ora, injuriar o outro é pecado mortal, porque se opõe ao amor do próximo. Logo, mais do que qualquer outro vício, a avareza é pecado mortal.

3. Ademais, ninguém fica afetado de cegueira espiritual a não ser pelo pecado mortal, que priva a alma da luz da graça. Ora, segundo Crisóstomo, as trevas da alma são a cobiça do dinheiro. Logo, a avareza, que é a cobiça do dinheiro, é pecado mortal.

EM SENTIDO CONTRÁRIO, a respeito do seguinte texto: “quem constrói sobre este alicerce…”, a Glosa diz que “aquele que se preocupa com os cuidados do mundo e que procura agradar ao mundo, o que constitui o pecado da avareza, constrói sobre a madeira, o feno e a palha”. Ora, o homem que constrói sobre a madeira, o feno e a palha, não comete pecado mortal, mas venial. Pois dele está dito que será salvo, mas como que através do fogo. Logo, a avareza é, às vezes, pecado venial.

Tomas_RespondoA avareza pode ter dupla acepção. Numa, ela se opõe à justiça, e é então, por sua natureza, pecado mortal; a avareza, nesta concepção, consiste na aquisição ou retenção injusta de bens alheios, o que constitui roubo ou furto, que são pecados mortais, como ficou demonstrado. Mas pode ocorrer, neste gênero de avareza, que o pecado seja venial, por causa a imperfeição do ato, como se falou ao tratar do furto.

Na outra acepção, a avareza pode ser considerada como oposta à liberalidade e, neste caso, implica um amor desordenado às riquezas. Se o amor desordenado às riquezas for de tal monta que se sobreponha à caridade, levando alguém a, por amor às riquezas, agir contra o amor de Deus e do próximo, neste caso a avareza será pecado mortal. Mas se, embora amando desordenadamente as riquezas temporais, o homem não antepuser este amor ao amor divino, e se este amor às riquezas não o levar a praticar atos contra Deus ou contra o próximo, neste caso a avareza será pecado venial. Saiba mais

Tomás responde: A eucaristia é o principal sacramento?

Leonardo_da_Vinci_(1452-1519)_-_The_Last_Supper_(1495-1498)Leonardo da Vinci (1452-1519), A Última Ceia (1495-1498)

Parece que o sacramento da eucaristia não é o principal sacramento:

1. Com efeito, o bem comum é maior que o bem individual, como diz Aristóteles. Ora, o matrimônio visa o bem comum da espécie humana realizado pela geração, enquanto a eucaristia visa ao bem próprio de quem a recebe. Logo, não é o principal sacramento.

2. Além disso, mais dignos deveriam ser os sacramentos conferidos por um ministro de maior categoria. Ora, os sacramentos da confirmação e da ordem são conferidos exclusivamente pelo bispo, que é superior ao simples sacerdote, ministro do sacramento da eucaristia. Logo, aqueles sacramentos são mais importantes.

3 Ademais, os sacramentos tem tanto maior valor quanto maior sua força. Ora, o batismo, a confirmação e a ordem imprimem caráter, não porém a eucaristia. Logo, aqueles sacramentos são mais importantes.

4. Ademais, é mais digno aquilo do qual os outros dependem e não ao contrário. Ora, a eucaristia depende do batismo, pois ninguém pode receber a eucaristia se não for batizado. Logo, o batismo é mais digno que a eucaristia.

EM SENTIDO CONTRÁRIO, Dionísio ensina: “Nenhuma função sacramental atinge seu termo sem a santíssima eucaristia”. Logo, este sacramento é, entre todos, o mais importante e o que remata os demais.

Tomas_RespondoFalando em absoluto, o sacramento da eucaristia é o principal sacramento. Três argumentos o mostram:

1º. Porque nela está contido substancialmente o próprio Cristo; enquanto que os outros sacramentos contêm apenas uma força instrumental que participa de Cristo. Ora, em todos os âmbitos, o que é por essência é mais digno do que aquilo que é por participação.

2º. Pela ordem recíproca dos sacramentos, pois todos os demais sacramentos parecem orientar-se a este como a seu fim. O sacramento da ordem visa à consagração da eucaristia. O batismo se orienta à recepção da eucaristia e recebe uma última demão no sacramento da confirmação, que visa a que ninguém, por respeito a tão grande sacramento, deixe de recebê-lo. Pela penitência e pela extrema unção o homem se prepara para tomar dignamente o corpo de Cristo. O matrimônio, pelo menos por seu significado, está próximo a este sacramento, enquanto significa a união de Cristo com a Igreja, cuja unidade é figurada pelo sacramento da eucaristia. Por isso o Apóstolo escreve: “Este mistério é grande: eu, por mim, declaro que ele concerne ao Cristo e à Igreja” (Ef 5, 32).

3º. Pelo rito dos sacramentos, pois quase todos os sacramentos atingem seu termo na eucaristia, como diz Dionísio. Isso fica claro pelo fato de os neo-ordenados comungarem e também os neo-batizados, se são adultos. Saiba mais

Tomás responde: O demônio é cabeça dos maus?

Mihály_Zichy_O_triunfo_do_genio_destruicaoMihály Zichy (1827-1906), O Triunfo do Gênio da Destruição (1878)

Parece que o demônio não é cabeça dos maus:

1. Com efeito, pertence à natureza da cabeça causar o sentido e o movimento nos outros membros. Assim diz certa Glosa comentando a Carta aos Efésios: “Ele o deu como cabeça” etc… Ora, o demônio não tem o poder de causar a malícia do pecado, que procede da vontade do pecador. Logo, o demônio não pode ser dito cabeça dos maus.

2. Além disso, qualquer pecado torna o homem mau. Ora, nem todos os pecados provêm do demônio, como está claro no pecado dos próprios demônios que não pecaram em virtude da persuasão de outros. Do mesmo modo, nem todo pecado dos homens procede do demônio. Assim consta do livro Dos Dogmas Eclesiásticos: “Nem todos os maus pensamentos são despertados em nós pela instigação do demônio; algumas vezes nascem do movimento de nosso livre-arbítrio”. Logo, o demônio não é cabeça de todos os maus.

3. Ademais, a um só corpo é destinada uma só cabeça. Ora, a multidão inteira dos maus não parece possuir algo segundo o qual esteja unida. Com efeito, “acontece ao mal ser contrário do mal”, na medida em que procede “de defeitos diversos” como diz Dionísio. Logo, o demônio não pode ser dito cabeça de todos os maus.

EM SENTIDO CONTRÁRIO, comentando o livro de Jó: “Desapareça sua lembrança da terra” (18, 17), diz a Glosa: “isso se diz de qualquer pecador, para que volte à sua cabeça, isto é, ao demônio”.

Tomas_RespondoComo acima foi dito (art. prec.), a cabeça não só causa interiormente nos membros, mas também os governa exteriormente dirigindo seus atos para algum fim. Desta sorte pode-se denominar a alguém cabeça da multidão: ou segundo os dois aspectos, pelo influxo interior e pelo governo exterior; assim, Cristo é a cabeça da Igreja, como antes foi explicado. Ou somente segundo o governo exterior, e assim qualquer príncipe ou prelado é cabeça da multidão que lhe é sujeita. Segundo esse modo, o demônio pode ser dito cabeça de todos os maus, pois, como está no livro de Jó: “Ele é rei sobre todos os filhos da soberba” (41, 25).

Cabe ao que governa conduzir os governados a seu fim. O fim do demônio é fazer a criatura racional voltar as costas para Deus. Por isso, desde o princípio, tentou remover o homem da obediência ao mandamento divino. Voltar as costas para Deus tem razão de fim enquanto é desejado sob a aparência de liberdade, segundo o profeta Jeremias: ”Há muito quebraste te jugo, rompeste teus laços, dizendo: ‘Não servirei’” (2, 20). Portanto, enquanto pelo pecado alguns são levados a esse fim, incidem sob o regime e governo do demônio. E por isso ele é chamado sua cabeça.

Quanto às objeções iniciais, portanto, deve-se dizer que:

1. Embora o demônio não possa influir interiormente na inteligência, pode, no entanto, induzir ao mal por sugestão. Saiba mais

Tomás responde: A justificação do ímpio exige um ato do livre-arbítrio contra o pecado?

Louis_Carmontelle_D'HolbachLouis Carmontelle (1717-1806), Retrato do Barão d’Holbach (1766), um defensor do ateísmo no séc. XVIII

Dizem (os ímpios) entre si, em seus falsos raciocínios:

“Breve e triste é a nossa vida, o remédio não está no fim do homem,
não se conhece quem tenha voltado do Hades.
Nós nascemos do acaso e logo passaremos como quem não existiu;
fumo é o sopro de nosso nariz, e o pensamento, centelha do coração que bate.
Extinta ela, o corpo se tornará cinza e o espírito se dispersará como o ar inconsistente.
Com o tempo, nosso nome cairá no esquecimento e ninguém se lembrará de nossas obras;
nossa vida passará como uma nuvem – sem traços -, se dissipará como a neblina
expulsa pelos raios do sol e, por seu calor, abatida.
Nossa vida é a passagem de uma sombra, e nosso fim, irreversível;
o selo lhe é aposto, não há retorno.
Vinde, pois, desfrutar dos bens presentes e gozar das criaturas com ânsia juvenil.
Inebriemo-nos com o melhor vinho e com perfumes,
não deixemos passar a flor da primavera,
coroemo-nos com botões de rosas, antes que feneçam;
nenhum prado ficará sem provar da nossa orgia,
deixemos em toda parte sinais de alegria pois esta é a nossa parte e nossa porção!”

Sabedoria 2, 1-9

 

Parece que para a justificação do ímpio não se requer um ato do livre-arbítrio contra o pecado:

1. Com efeito, a caridade sozinha basta para tirar o pecado, segundo o livro dos Provérbios: “A caridade cobre todos os pecados” (10, 12). Ora, o objeto da caridade não é o pecado. Logo, a justificação do ímpio não exige um ato do livre-arbítrio contra o pecado.

2. Além disso, aquele que tende para avançar não deve olhar para trás. O Apóstolo escreve: “Esquecendo do que está atrás de mim, e lançando-me para a frente, corro direto para a recompensa que me destinou a vocação celeste” (Fil 3, 13). Ora, para aquele que tende para a justiça, os pecados passados estão trás dele. Logo, deve esquecê-los e não tem de fazer um ato do livre-arbítrio para voltar-se para eles.

3. Ademais, na justificação do ímpio, um pecado não é perdoado sem o outro. “É ímpio esperar de Deus um perdão incompleto”. Se, portanto, para a justificação do ímpio, o livre-arbítrio deveria voltar-se contra seus pecados, seria preciso que se lembrasse de todos os seus pecados. Isto parece inconveniente, porque uma tal revisão exigiria muito tempo, e depois, porque se esquecesse alguns desses pecados, não se poderia obter o perdão. Portanto, a justificação do ímpio não requer um ato do livre-arbítrio contra o pecado.

EM SENTIDO CONTRÁRIO, diz o Salmo: “Confessei contra mim ao Senhor a minha injustiça, e tu me perdoaste a impiedade do meu pecado” (31, 5).

Tomas_RespondoComo já foi dito, a justificação do ímpio é um movimento no qual a alma humana, sob a moção divina, passa do estado de pecado para o estado de justiça. É preciso, portanto, que a alma humana se refira aos dois extremos no ato do livre-arbítrio, como se comporta um corpo movido por um motor para dois términos do movimento. Ora, no movimento local, vemos a coisa movida afastar-se do ponto de partida e aproximar-se do ponto de chagada. Igualmente, a alma humana no momento da justificação, afasta-se do pecado por um ato do livre-arbítrio e encaminha-se para a justiça. Mas afastamento e aproximação no ato do livre-arbítrio entende-se como a detestação e o desejo. Agostinho, no comentário De João expondo: “O mercenário foge”… “Os movimentos de nossas almas são nossos afetos. A alegria é dilatação da alma. O temor é sua fuga. Aproxima-se quando deseja. Foge-se quando teme.” É preciso, portanto, que na justificação do ímpio haja um duplo movimento do livre-arbítrio: um que pelo desejo tende para a justiça de Deus e o outro que o faz detestar o pecado.

Quanto às objeções iniciais, portanto, deve-se dizer que:

1. É próprio da mesma virtude buscar um dos termos opostos e afastar-se do outro. É por isso que a caridade à qual pertence o amar a Deus, pertence também o detestar os pecados que separam a alma de Deus. Saiba mais

Tomás responde: Deve-se louvar a Deus oralmente?

Diego_Velázquez_Tentacao_Sto_TomasDiego Velázquez (1599-1660), Tentação de Santo Tomás de Aquino (1632)

Parece que Deus não deve ser louvado oralmente:

1. Com efeito, diz o Filósofo: “Não é o louvor que merecem os melhores, mas coisas maiores e melhores”. Ora, Deus está sobre tudo o que é melhor. Logo, a Deus não se deve o louvor, mas algo maior. Por isso, o livro do Eclesiástico diz: “Deus está acima de todo louvor” (43,33).

2. Além disso, sendo ato de religião, o louvor pertence ao culto divino. Ora, presta-se mais culto a Deus pelo espírito do que pelos lábios; por isso, o Senhor aplica o texto do livro de Isaías contra alguns: “Este povo me louva pelos lábios, mas o coração está longe de mim” (Mt 15, 7-8). Logo, o louvor de Deus deve ser mais do coração que dos lábios.

3. Ademais, os homens louvam-se oralmente para se estimularem a ser melhores: o louvor aos maus leva-os a serem mais soberbos; o louvor aos bons provoca-os a serem melhores. Lê-se, no livro dos Provérbios: “Como a prata é provada no crisol, assim os homens, pelos lábios daqueles que os louvam” (27, 21). Ora, Deus não é estimulado pelas palavras dos homens a coisas melhores, por se imutável e por ser o Sumo Bem, nada lhe poderá ser acrescido. Logo, Deus não deve ser louvado pelos lábios.

EM SENTIDO CONTRÁRIO, diz o Salmista: “Minha boca louvará com lábios jubilosos” (62, 6).

Tomas_RespondoUsamos das palavras para Deus e para os homens por razões diferentes. Delas usamos para os homens a fim de transmitir-lhes os nossos pensamentos, pois não podem conhecê-los. Assim, para os homens usamos dos louvores das nossas bocas, para que quem é louvado saiba, e os outros também, a boa opinião que dele temos, para que aquele que é louvado seja estimulado a melhorar, e também os que venham a conhecer esses louvores sejam levados a terem dele boa opinião, a reverenciá-lo e a imitá-lo.

Para Deus, porém, que penetra nos corações, usamos das palavras, não para manifestar-Lhe os nossos pensamentos, mas para que nós mesmos e aqueles que nos ouvem, sejamos induzidos a reverenciar a Deus. Por isso, o louvor oral é necessário, não por causa de Deus, mas por causa dos que louvam, cuja afeição para Deus aumenta pelo louvor. A respeito, diz o Salmista: “O sacrifício de louvor me dá glória e aí está o caminho pelo qual mostrarei a salvação de Deus” (49, 23). Na medida em que pelo louvor divino o coração do homem se eleva a Deus, afasta-se de tudo o que lhe é contrário, segundo o livro de Isaías: “Com o meu louvor pôr-te-ei um freio para que não pereças” (48, 9). O louvor oral induz também os outros a terem mais afeição a Deus. Diz a respeito o Salmista: “Sempre tenho o teu louvor nos meus lábios” (33,2) e “Ouçam os mansos, se alegrem, e comigo magnifiquem a Deus” (vv. 3-4).

Quanto às objeções iniciais, portanto, deve-se dizer que:

1. De dois modos podemos falar de Deus: de um modo, quanto à sua essência, que é incompreensível, inefável e, por isso, está acima de todo louvor. Segundo esta consideração, a Deus se deve reverência e o culto de latria. Comentando um salmo, escreve Jerônimo quanto à reverência: “Diante de ti, ó meu Deus, cale-se todo louvor”, e, quanto ao culto de latria: “Que sejam cumpridas as promessas a ti feitas”. De outro modo, quanto aos seus efeitos, que se ordenem ao nosso bem. Sob esse aspecto, deve Deus ser louvado. Donde dizer Isaías: “Lembrarei as misericórdias do Senhor, e o louvarei por tudo que ele nos fez” (63, 7). E Dionísio: “Considerai que todo hino santo dos Teólogos (isto é, o louvor divino) aplica a Deus nomes distintos ao manifestar e louvar os benefícios da tearquia, isto é, da divindade”. Saiba mais

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